EDITORIAL

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Con esta simple frase se resume la actitud del dignísimo presidente de la república, Rafael Correa, que no acepta que el país enfrenta una seria crisis económica. En cada sabatina habla de las maravillas que hace la “revolución ciudadana”, se refiere a las monumentales obras, unas en construcción y otras abandonadas por falta de recursos económicos, o porque sus amigos socios fallaron en los compromisos pactados con bombos y platillos, como cuando vino el finadito Chávez para colocar la primera piedra en la refinería del Pacífico. En tiempos de bonanza los “revolucionarios” se dieron el lujo de ejecutar obras con y sin sentido, por las puras ganas de derrochar el dinero que había por montones, como los  aeropuertos que hoy lucen bonitos pero abandonados, porque no hay movimiento de pasajeros, simplemente los cálculos fallaron y los resultados están a la vista. Ningún consejo, opinión, criterio es válido, más bien se mofa de medio mundo, él es el único sabelotodo, el resto una partida de ignorantes, malas fe, corruptos antipatria. Aquí el gran economista es Rafael, los otros no saben de la misa a la media, es que seguramente no estudiaron en las grandes universidades extranjeras, ni han obtenido doctorados honoris causa a granel. En cada país que visita los  aplausos son para él, es que da un contento como cuenta y recuenta, una y otra vez, el “milagro ecuatoriano”, y luego canta a lo Bosé y baila a lo Shakira, es que eso es también parte del milagro; es que antes los presidentes eran unos aburridos, aguafiestas, que no mostraban ni los dientes, eran unos tiesotes, en cambio Rafael es pura alegría, puro banquetes, derrocha felicidad y dinero, aún sabiendo que estamos en la lona, requete jodidos.


Es que Rafael no es como el acomplejado del Pinoargote, el eterno embajador de la partidocracia, tipejo mala fe; Rafa sabe poner la otra mejilla, aunque no sabe perdonar porque su equilibrio no lo permite; ni tampoco es como la tal Janeth Hinostroza, que es como las carroñas que tratan de hacerle daño, sin contrastar la información, tanto es así, que ha sido invitada a Cannes por su documental “Nelson Serrano, Soy Inocente”. Luego le toca el turno al pobre del Ayala Mora y sus argollas, que ganan miles de dólares, mientras que los de su entorno apenas sobreviven con el básico, sino pregúntenle al 8A que se sacrificaba día y noche por apenas 8 mil dolaritos. Y enseguida viene la arenga: pueblo ecuatoriano a rebelarse contra estos farsantes, pero cuáles, los de allá o los de acá, eso sí que no se entiende bien. Y esos medios independientes especializados en presentar dramas. Qué les cuesta publicar la verdad y nada más que la verdad. El Caudillo lanza su guerra contra la sátira y las redes sociales. Recuerden mis sumisos, si ellos mandan un twit, nosotros mandamos cien mil. Esta es una guerra comunicacional para intimidar, para sembrar miedo y pánico, le responden inmediatamente los twiteros, es un asesinato jurídico a la libertad de expresión, que se inicio en el año 2013 con la tristemente célebre ley mordaza, para controlar el trabajo periodístico de la prensa libre. Correa no entiende que la guerra en las redes sociales tiene perdida, porque los twiteros somos más, muchos más que los “revolucionarios” en retirada. Disfruten amigos lectores de la edición 92, en este mes de aniversario de Fundación de nuestra querida e incomparable Cuenca, cumplimos 18 años de tarea periodística con mística y pasión de siempre y hasta siempre.