EDITORIAL

Fueron por lana pero salieron trasquilados. El jueves 6 de octubre del 2016 pasó a la historia el periodismo cuencano. La justicia brilló, triunfó la libertad de expresión. El respaldo al ejercicio del periodismo libre, frontal, digno, fue masivo. La “metida de mano a la justicia” fracasó, las acusaciones fueron rechazadas, por más que trataron de intimidar con el cuento de que el demandante es abogado del presidente de la república, por más que el acusador pidió a la jueza con humildad que me sentencie a la máxima pena, hasta se dió el “lujo” de anunciar que quemaría su título públicamente, sin dar fecha ni hora. La audiencia se instaló pasadas las 08h00. El abogado acusador ingresó a la sala con su “pelotón de fusilamiento”, cargados de computadoras y ofensas pero vacíos de argumentos legales. Yo con mi abogado defensor, el destacado y brillante jurisconsulto, Aurelio Aguilar García, en su mano el Código Orgánico Integral Penal, nada más, es que no era necesario. Cada intervención fue una cátedra, una lección de derecho, una defensa impecable, como pulcra fue la actuación de la señora jueza Iliana Pachar Rodríguez. Se comprobaron dos grandes verdades: “que existe la publicación denominada “la ruta criminal del oro ecuatoriano”; y, que la misma fue compartida”. El artículo 18.1 de la Constitución de la República del Ecuador, dice: “todas las personas tienen derecho a buscar, recibir, intercambiar información, sin censura previa”.
Al dictar sentencia, la jueza dijo enfáticamente (sin temor), apegada a derecho: “el acusado no es el autor de la publicación, que se comprobó que es de autoría de un tercero (Casto Ocando); por lo tanto, administrando JUSTICIA, se ratifica el estado de INOCENCIA”. ¡Estalló la alegría!. ¡Se hizo justicia!, ¡basta de atropellos!, ¡se acabó el miedo!, ¡viva la jueza!, ¡viva la Función Judicial del Azuay!, ¡brillante doctor Aurelio!. Felicitaciones, aplausos, congratulaciones, estrechones de manos, fotos para recordar que ese día, ganó la verdad, perdió por goleada la mentira y la prepotencia. Esas y otras expresiones retumbaron en la sala.
Desde esta trinchera del periodismo inclaudicable, vaya mi eterno agradecimiento a  las personas que permanecieron a mi lado, firmes, incondicionales, sinceros, me extendieron sus manos para decir en una sola voz: La Libertad de Expresión, ni se compra, ni se vende, ni se transa.
Desde Quito la Presidenta de la Unión Nacional de Periodistas, envío un emotivo mensaje que comparto con ustedes queridos observadores: “Felicitamos a Jaime Cedillo y al periodismo cuencano, que han mantenido el puño en alto por defender el derecho del pueblo a ser informado, y respaldamos su acción profesional y valiente de contribuir a la transparencia de la gestión pública”. Hasta siempre.