EDITORIAL

Dos grandes acontecimientos vivió el mundo en los últimos días, casi de manera simultánea: el primero, fue la visita del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos de Norteamérica entre el 19 y 23 de septiembre; el segundo, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. Tanto en Cuba como en EEUU el jefe de la iglesia católica cumplió agotadores jornadas, dejando a cada paso mensajes de paz, amor y unidad entre todos los seres humanos. En Cuba el Pontífice se reunió con el presidente Raúl Castro y con su hermano Fidel (de 89 años) en su residencia, en presencia de la esposa, hijos y nietos del líder de la revolución. Francisco le regaló a Fidel sus trabajos “Laudato Sí” y “Evageli Gaudium”, mientras que el expresidente del país caribeño le obsequió una colección de sus conversaciones sobre religión con el fraile brasileño Frei Betto.
Miles de cubanos católicos saludaron y vivaron la presencia del Papa en la isla, recibiendo sus bendiciones y escuchando con atención sus mensajes que fueron difundidos al mundo entero gracias a los medios de comunicación. Uno de los actos religiosos más sobresalientes y esperados por los fieles fue la santa misa que ofreció en la Basílica del Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba. El pueblo cubano no pierde las esperanzas de mejores días, ya han empezado a sentir los cambios desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países rotas desde hace más de medio siglo. La intervención del Papa ha sido determinante en estas decisiones políticas que esperamos pronto culminen con el fin del embargo económico en contra de Cuba.
En el país del norte, Jorge Mario Bergoglio, cumplió su primera visita. A más de entrevistarse con el presidente Barak Obama, hizo historia al pronunciar su discurso ante el Pleno del Congreso en Washington y en la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. En los dos escenarios políticos dejó sendas recomendaciones a los líderes como “no dar las espaldas a los vecinos” en alusión a los millones de migrantes, cuyos derechos-no siempre-han sido respetados, o que se debe reemplazar la “indiferencia global” por la “solidaridad global”, otras  frases que esperamos hayan calado en los corazones de los todopoderosos: “la fe crece con la practica y es plasmada por el amor”; “nuestra casa común no tolera más divisiones estériles. A las decenas de jefes de estado y de gobierno, les dijo alto y claro:”tengan en cuenta la voz de los países pobres” y agregó que es un contrasentido de las potencias mundiales la falta de ética, las amenazas de destrucción, constituyen un fraude a toda la construcción, que pasarían a ser “naciones unidas por el miedo y la desconfianza”.
Benedicto participó en el encuentro mundial de las familias, en Filadelfia, donde asistieron unas 500 mil personas; canonizó al franciscano español Junípero Serra en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción; ofició misas para miles de sus seguidores en la Catedral de San Francisco y en el Madison Square Garden;  rindió homenaje a las víctimas del 11 de septiembre del 2001 en el World Trade Center (torres gemelas). El pueblo norteamericano nunca olvidará la visita del Papa y su “Dios bendiga América”.
Amigos observadores, ponemos en sus manos esta nueva edición, gracias a la colaboración desinteresada de un destacado equipo de comunicadores, periodistas de opinión, investigadores, historiadores e intelectuales, que exponen sus puntos de vista con absoluta libertad de expresión.