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Año 14 - Octubre/2011
BIMESTRAL
N° 65
polÍtica    INICIO      Martes 18 de Junio del 2019    
  EDITORIAL

  INTERNACIONAL
EL VATICANO CONTRA LAS CUERDAS

  POLÍTICA
DIOS Y LA POLITICA
JUICIOS MILLONARIOS

  DENUNCIA
LA DOBLE MORAL

  ENTREVISTA
EN LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
PAÚL GRANDA: SOY UN APASIONADO POR MI CIUDAD
NUEVAS OBRAS HISTORICAS

  OPINIÓN
UN LIBRO PARA REFLEXIONAR SOBRE NUESTRAS REALIDADES
EL OBSERVADOR
APOLOGÍA DEL DELITO DE LÍDERES

  CULTURA
¿DE QUIÉN SON LAS PAREDES?
UN MÚSICO TALENTOSO

  COMUNIDAD
CAMPAÑA POR LA PAZ

  EDUCACIÓN
A LOS 40 AÑOS DE GRADUACIÓN

POR: Enrique Gallegos A.

 

 


Dios y la política

Como lo he hecho pocas veces en otras oportunidades, esta ocasión voy a tomar en préstamo un artículo que no me pertenece y que fue publicado en la edición del diario El Comercio del 22 de agosto pasado.  Su título es “LAICISMO O ANTICLERICALISMO” y está firmado por el doctor Fabián Corral Burbano de Lara, connotado profesional del Derecho, Decano y profesor en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad San Francisco y una persona por quien, pese a nuestras diferentes concepciones en el mundo de la política, profeso un gran respeto.  En sus notas observo siempre un sentido de ponderación y una conducta vinculada a valores éticos que hace mucho tiempo desaparecieron del escenario político ecuatoriano.  En esas circunstancias traté de comunicarme telefónicamente con él, con el ánimo de proponer invitarle a dialogar en mi programa radial vespertino, la Nota Editorial Retrato en Negro, lo cual declinó a través de su secretaria.  En todo caso y en razón de la permanente actualidad del tema, no quise esperar más tiempo para exponer mi punto de vista sobre un asunto que ocupa un espacio vital dentro de la historia de la humanidad.  Lo editorialicé en ese día y me permito reproducirlo para nuestros lectores de la Revista El Observador.  A continuación, el texto del artículo suscrito por el doctor Corral:

“Nunca han sido claros los límites entre laicismo y anticlericalismo, entre el Estado tolerante, sin religión oficial, respetuoso de la libertad de conciencia, y el Estado antirreligioso, militante, ateo. Las religiones, por su parte, han tenido siempre una connotación política, porque, al determinar la conciencia de sus feligreses, influyen en sus decisiones. El ciudadano no es un ente abstracto, vaciado de contenidos, máquina de votar en función de la propaganda. Es una persona con cargas culturales, con visiones y matices, con afectos, dotado de creencias, erosionado por escepticismos o refugiado en devociones.

Las religiones, en cualquier parte, y en especial en América Latina, tienen incuestionables dimensiones culturales. La arquitectura, la pintura, la escultura están penetradas de imágenes y creencias religiosas. La Escuela Quiteña es una expresión del catolicismo militante que constituyó uno de los fundamentos de la colonia española. Las iglesias y los conventos también lo son. Negar esto es disparate, o es sectarismo, o es ignorancia.

Anda por allí la idea de prohibir las manifestaciones externas de religiosidad, de desterrar procesiones y otras celebraciones, lo que obligaría a esconder parte importante de la cultura nacional, construida, se quiera o no, en torno a una religión dominante.

Ronda por allí la idea de meterse con la conciencia de la gente, de invadir la cultura, de reformar las costumbres, de imponer pautas de comportamiento y, quizá, de judicializar la moral.

…

La libertad de conciencia y la independencia de Estado respecto de la Iglesia, fueron, sin duda, los temas más importantes de la Revolución Liberal –en lo que tuvo de liberal-El laicismo es, desde entonces, un valor que ha penetrado lenta pero irreversiblemente en los modos de ser nacionales.

La gente distingue ahora con claridad lo que es ser laico y tolerante, de lo que son las militancias y las propuestas anticlericales o ultramontanas.

La gente aprendió, a lo largo del siglo pasado, a respetar por igual a católicos, protestantes o agnósticos. En ese sentido, la sociedad se civilizó, y dejó atrás comportamientos inaceptables, bárbaros, como apedrear a los disidentes o a los herejes. O reprimir a los que van a las procesiones.

Pero esa civilización, en la cual el laicismo y la tolerancia valores son claves, puede ponerse en entredicho con las disparatadas ideas de prohibir manifestaciones religiosas, de invadir las devociones con reglas políticas, de hacer clandestinas las creencias. El disparate puede volverse polvorín y la novelería puede abrir otro foco de confrontación.”

 

Siempre he estado muy claro en identificar el momento aquel en el que el antropoide del cual todos provenimos, en su deambular por las praderas africanas, tomó conciencia de su individualidad, de su yo existencial y de su relación con el entorno en el que se desenvolvía. Se llenó de pavor ante el misterio de una Naturaleza que tan pronto lo premiaba con sus frutos, alimentos y la tibieza del sol que le alumbraba, como lo castigaba con la oscuridad de una noche helada, con rayos y truenos en el cielo, víctima de animales feroces siempre hambrientos. Concluyó que todo eso debía ser la obra de un Ser Superior y la muerte física se visualizó en su mente  como  un mero puente hacia una vida mejor.  Allí comenzó a enterrar a sus  muertos, en la esperanza de volver a reunirse con ellos, y, en forma paralela, surgió también el espabilado y sagaz entre sus compañeros, que advirtió el provecho que podía obtenerse de ese sentimiento, llamémosle “naturalmente humano”: sí – les comunicó el avispado – existe otra vida, pletórica de felicidad y ausente de dolor, regida por un Ser que se llama Dios y quien me ha delegado a mí para que yo guíe tu vida y puedas un día unirte con él, en la más absoluta dicha y bienestar por toda la eternidad.  De paso y en prevención de cualquier acto de indisciplina, le advirtió al mismo tiempo, que también existía el Infierno, lugar de torturas y tormentos también eternos. Tú no puedes comunicarte con él por tu propia voluntad y deseo, tienes que hacerlo a través mío, allí nació la Religión, un Poder el cual, conjuntamente con el del Gobernante y el Líder Militar, ha venido rigiendo nuestros destinos desde siempre y que puede ser juzgado por su papel en la Historia de acuerdo con las convicciones, educación y cultura de todos y cada uno de nosotros. 

Como lo reconoce el doctor Corral con honestidad académica,… Las religiones, por su parte, han tenido siempre una connotación política, porque, al determinar la conciencia de sus feligreses, influyen en sus decisiones... Ninguna otra actividad de los seres humanos, ni siquiera la de la formación política, ha podido igualar en logros y destrezas a la que la religión ha implantado en nuestras mentes.  El miedo incontrolable que el temor al castigo de un Dios que en forma implacable nos pone a prueba por desobedecer sus mandatos, ha alimentado por generaciones el poder temporal de una jerarquía eclesiástica que parecería tener más interés en los bienes terrenales que en la sanación de las almas.  La Historia es abundante en señalarnos los conflictos entre príncipes y reyes reacios a someterse al poder pontifical; solo hasta la unificación italiana bajo la espada de Garibaldi, fue posible someter a los Estados Pontificios, armados hasta los dientes, y relegarlos al Poder espiritual encarnado en la Basílica de San Pedro y el  Estado Vaticano.  La exacción económica a los supuestos pecadores que compraban con dinero el perdón de sus pecados, fue una de las causas principales para la denominada Reforma, que alejó  de la obediencia a Roma a multitud de creyentes que se agrupan hoy bajo el nombre de “Iglesias Protestantes”; su complicidad, no solo pasiva sino mil veces activa,  con la crueldad y el despojo que representaron las guerras de conquista en todo el orbe,  así como la infame  persecución a los judíos evidenciada en instituciones de tanta atrocidad como la Inquisición, no pueden ser ocultadas.  La brutalidad con la que las grandes haciendas religiosas trataron a sus esclavos está escrita y la hipocresía sobre el supuesto rechazo a las delicias del pecado fue revelada por la pluma de una de las grandes figuras de nuestra propia historia, Monseñor González Suárez.  El desenfreno y las pasiones en las Cortes Papales adquieren manifestaciones delirantes en los integrantes de la familia Borgia.  Hoy mismo, el mundo asqueado, conoce de la brutalidad de las violaciones a menores de edad por parte de sacerdotes que han sido protegidos por las autoridades de la jerarquía eclesiástica para evitar su justo castigo.  Afortunadamente hay también otra Iglesia, contestaria, con laicos y sacerdotes que comprenden el Mensaje de Dios desde una lectura que la avidez de poder que emana de Roma no puede tolerar: es la Iglesia de los Pobres, la del auténtico compromiso social, la que recuerda las advertencias de un Cristo que dijo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja antes que un rico ingrese al Reino de los Cielos. 

Desconozco y no quiero especular sobre las motivaciones que tenga el gobierno de Rafael Correa para elegir este momento en el que se abra una discusión de tan grueso calibre como el que, necesariamente, se planteará en torno al proyecto de ley  que se titula “Ley Orgánica de Profesión Religiosa y de la Ética Laica”.  Se me hace muy difícil entender la contradicción evidente entre un presidente que cuando candidato logra ser recibido por el Papa Benedicto, ante el cual se postra hasta la transfiguración misma, como para desvirtuar los chismecillos acerca de sus supuestas simpatías comunistas; que entrega la educación del Estado a sectores confesionales y recibe devotamente la Santa Comunión de las manos del Jefe del Opus Dei en nuestro Ecuador.  Otro capítulo del permanente escenario teatral en el que se desenvuelve nuestro mandatario. ¡Mucho ojo! ¡Señor Presidente, las manipulaciones tienen un límite!



 


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