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Año 12 - Febrero/2010
BIMESTRAL
N° 55
opiniÓn    INICIO      Jueves 13 de Diciembre del 2018    
  EDITORIAL

  ANÁLISIS
CIVILIZACION E INHUMANIDAD

  POLÍTICA
LOS PRIMEROS TRES A�ITOS

  ENTREVISTA
LA MALDICI�N DE LA ABUNDANCIA

  OPINIÓN
TABABELA, EL ATRACO DE LA HISTORIA
PROYECTO AUTORITARIO Y EXCLUYENTE
CASO ITT:

  CIUDAD
LA GESTIÓN MUNICIPAL

  TURISMO
ECUADOR: QUE BELLO PAIS

POR: Enrique Gallegos A.

 

 


TABABELA, el atraco de la                                          historia

No creo que jamás se haya planificado con tanta meticulosidad y empeño dignos de mejor causa, un asalto a los bienes del estado, en este caso la Municipalidad Quiteña, como el que pretende ejecutarse a través del proyecto llamado Nuevo Aeropuerto Internacional de Quito, en la llanura de Tababela.
Comencemos por señalar que tal proyecto no es un proyecto de la ciudad de Quito, como maliciosamente sostienen algunos de sus autores.  Es un complot de la poderosa oligarquía quiteña que está apoderada desde hace cuarenta años del control de la ciudad, plutócratas arrogantes y soberbios.  Sus inicios pueden ubicarse a fines de los años 90, cuando una misión de la Junta de Andalucía, contratada ex profeso para emitir un informe ad hoc, advirtió en el mismo su opinión de que la  ciudad de Quito prácticamente estaba condenada al estancamiento urbanístico y económico si no se realizaba su expansión en las ciento treinta hectáreas que están hoy ocupadas por el aeropuerto Mariscal Sucre.  En ese instante el complot empezó a marchar.  Pero, ¿dónde construir un nuevo aeropuerto para la ciudad?  Del que se venía hablando desde los inicios de la Dictadura Militar de 1972, la llanura de Caraburo en Tababela, ya había sido desechado por reiterados informes técnicos: vientos ciclónicos, dificultad extrema en el aterrizaje y decolaje, nubosidad permanente, incapacidad de expansión, entre otros justificativos.  La Superioridad Militar Aérea había tomado la decisión de emplazarlo allí, sin mayores estudios.  Los indígenas del sector habían sido despojados violentamente de sus ancestrales tierras y obligados a recibir míseros centavos a manera de compensación.  Todo para nada.  Los informes eran claros: tratar de construir un aeropuerto en Tababela era una insensatez. 
¿Qué hacer entonces, se preguntaron los complotados de hoy?  No importa.  Ignorémoslo.  Total, cuando se descubra que Tababela será un cementerio de aviones, quizás ya todos nosotros estaremos muertos.  Para eso existe la garantía de la impunidad, que deriva de nuestro poder omnímodo.  Nadie dirá nada.  El dinero comprará el silencio.  Todo el mundo tiene su precio.  Y, finalmente, no es exactamente un aeropuerto lo que nosotros necesitamos: es una Zona Franca con aeropuerto.  Los que conocen la llaman Aduana Paralela.  Así que ¡manos a la obra!  Primero, liberémonos de la tutela de la oficina gubernamental que debe regir la construcción de aeropuertos: la DAC.  Es mejor tratar con los políticos.  Un presidente complaciente, injurídicamente, otorgó a las ciudades de Quito y Guayaquil la autorización para su construcción.  No hablaré del de Guayaquil.  Que los guayaquileños se defiendan solos.  Los de Quito ya tenían la sartén por el mango.  Con bienes del estado – el AMS y la llanura de Tababela – crearon una entidad ejecutora, integrada por una inmensa mayoría de burócratas más unos cuantos “empresarios”, llamados para dotar del supuesto carácter de “empresa privada” a la CORPAQ; curiosa empresa privada con un 100 e capital público.  Eso permitió ignorar – eso creen ellos – las odiosas licitaciones que tanto “obstaculizan” el progreso.  A dedo, después de ejecutar una farsa ridícula a la que denominaron “Swiss Challenge” y a la que ninguna empresa seria del mundo se prestó a cohonestar, nombraron a la Canadian Commercial Corporation, entidad que nunca en su vida ha construido un aeropuerto, pero cuyo carácter de empresa oficial del gobierno del Canadá, solo por la mención de este nombre, otorga credibilidad.  En junio de 2001, antes de firmar los contratos definitivos, la CORPAQ le impuso a la CCC dos condiciones para su otorgamiento: la primera, que el mismo día  que firmaran el convenio, sin leerlo siquiera, la CCC se comprometiera a renovarlo a favor de una empresa que no existía aún, pero que se advirtió ya existiría en el momento preciso; y la segunda, a que el día que se terminara Tababela, la CCC le exigiera a la CORPAQ los terrenos vacantes del AMS a manera de “compensación” (?).  En efecto, pocos días antes de la firma definitiva del contrato, la empresa vio la luz del día: se llama QUIPORT y fue conformada por dos “inversionistas” canadienses con la suma de ochocientos dólares, de los cuales se pagó – se entiende que el ahorro es siempre una virtud – la suma de doscientos.  La firma se ejecutó el 16 de septiembre de 2002.  Como estaba acordado, la CORPAQ nombró concesionaria a la CCC, ésta ni leyó el contrato y se lo renovó a la QUIPORT y se consumó el primer milagro: una empresa con un capital pagado de doscientos dólares quedaba dueña de un contrato para construir un aeropuerto que ahora se supone no va a costar menos de setecientos millones de dólares, aunque originalmente se lo calculó en ciento ochenta; lo va a administrar por treinta años, en los que se supondría un flujo de caja no inferior a ocho mil millones de dólares y va a construir todas las vías de acceso.  ¡Casi nada!  Poco tiempo más tarde, la QUIPORT convocó al banquete a otras empresas de reconocido lustre: ADC, compañía canadiense que más tarde se fusionaría con HAS de Houston para conformar la ADC – HAS ECUADOR; AECON, canadiense también y, claro, no podía faltar, la Andrade Gutiérrez.   Se había conformado el segundo milagro: sin la preocupante y siempre fastidiosa licitación, empresas canadienses quedaban a cargo de un negocio caído del cielo.
Pero la fiesta no iba a terminar ahí.  El premio gordo era que los agraciados disfrutaran del contrato pero sin que les costara un solo centavo.  Para ello, a pocos días de firmado el contrato, en octubre del 2002, la CORPAQ tomó una significativa resolución:  que los recién llegados tomaran a su cargo la administración del AMS e inmediatamente empezaran a recaudar las tasas provenientes del flujo de pasajeros y el resto de servicios aeroportuarios, incluyendo derechos de aterrizaje y todos los etcéteras del mundo. Todo esto CUATRO AÑOS ANTES DE QUE SE FIRMARA EL CIERRE FINANCIERO, lo que sucedió en el año 2006, y, lo que le ha permitido a la QUIPORT recaudar una suma no inferior a los quinientos millones de dólares, cantidad cuyo destino ha sido salir primero desde el país a un paraíso fiscal en las Bahamas y de allí viajar de retorno al Ecuador bajo el ropaje de “inversión”.  ¡Qué cinismo!    Los inversionistas se convierten en tales con nuestro propio dinero.  La QUIPORT, ya dueña del contrato, subcontrató a terceros pagándoles por su trabajo precios nacionales, que ellos se encargaban de triplicar y convertirlos en lo que era la irónica definición  del contrato: llave en mano y a precios internacionales.  El humor negro con el que nos consolamos, lo ha tildado de “lleve en mano”.   No ha podido conocerse si la QUIPORT ha llevado o no contabilidad, ni ha informado de ninguna otra de sus actividades, porque es una empresa privada y no tienen por qué dar información a nadie.   La CORPAQ tampoco, pues ella sostiene que también es empresa privada y que no tiene por qué someterse a impertinentes interrogatorios fundamentados en la Ley de Transparencia de la Gestión Pública.  Claro, que cuando le conviene, recurre a su condición  de empresa pública,  como cuando le da expropiando a la QUIPORT los terrenos  que ésta requiere para sus vías de acceso,  lo que está prohibido por la ley.  Ni siquiera el Municipio puede utilizar su derecho a la expropiación para favorecer intereses privados.
Nuestros lectores sabrán apreciar la verdad de los hechos: se trata, simplemente, de que las poderosas fuerzas vinculadas a los negocios de la construcción  requieren quedarse  con los actuales terrenos del AMS y que los grandes comerciantes requieren tener una aduana paralela en Tababela.  Lo demás es un discurso intrascendente.



 


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