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Año 13 - Febrero/2011
BIMESTRAL
N° 61
opiniÓn    INICIO      Martes 18 de Junio del 2019    
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ENTRE DECLIVES Y MESIANISMOS
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YO VOTARÉ NO
LA FATALIDAD DEL CAUDILLISMO
ESTILO DE GOBIENRO

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POLÍTICA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

  OPINIÓN
EL ECUADOR QUE QUEREMOS

  DENUNCIA
ATRAPADO SIN SALIDA

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20 AÑOS DE ARTE, CULTURA Y SENTIMIENTO

POR: César Alarcón C.

 

 


El Ecuador que queremos

 “Si puedes soñarlo puedes hacerlo” dice un conocido pensamiento que invoca a la sociedad humana a imaginar e innovar. En esta época del Internet, la telefonía celular, la computación, la comunicación satelital y la ingeniería genética, que ha sido llamada la “Era del Conocimiento”, el desafío de los pueblos es incorporarse a la dinámica del mundo o rezagarse y hundirse en el aislamiento y la marginación.

Los pueblos son los únicos responsables de su suerte. Resulta enteramente inútil enredarse en esa lastimera búsqueda de culpables de la desgracia propia. Si no se puede encontrar el problema es imposible hallar la solución. Países que hace cincuenta años estaban como el nuestro agobiados por el subdesarrollo y la pobreza, hoy son verdaderas potencias. Allí están Singapur, Corea del Sur, Finlandia. Su progreso no es producto de un milagro sino resultado de su acción colectiva concentrada en la educación del más alto nivel de su niñez y juventud. Esos países no tienen petróleo ni minas de oro o diamantes, sino gente capacitada.

La energía que pierden las sociedades en encender sus conflictos internos termina por agotarlos. Lo inteligente no es promover la confrontación intestina sino impulsar la suma y la multiplicación de fuerzas para potenciar a la sociedad. Con absoluta razón se ha dicho: “unidos somos más”, esto lo entendieron los países que avanzan con paso firme por el sendero del progreso. En cambio las sociedades que se empecinan en los enfrentamientos internos se paralizan y caen sometidos por el miedo y el odio.

En los momentos de desconcierto y cuando la crisis se convierte en desesperación colectiva, es indispensable hacer un alto, alzar la vista para mirar el horizonte y darse cuenta que más allá de los problemas hay un mundo de oportunidades abiertas. Pero todo depende de uno mismo, de lo que quiere, puede y debe hacer.

En esos momentos siempre surge una primera pregunta: ¿Qué hacer? La respuesta correcta es fijarse un objetivo. Cuando el ser humano carece de objetivo su vida se desperdicia. En cambio cuando se plantea un objetivo y compromete toda su capacidad para alcanzarlo, siente que su vida cambia porque tiene un referente para orientarse y cada día de su existencia encuentra sentido en la organización y movilización de fuerzas y recursos para lograr su propósito.

El Ecuador merece dejar atrás la pobreza y contarse entre los países que se desarrollan. El Ecuador que queremos es un país moderno donde sus jóvenes sean los científicos que crean los nuevos programas de Internet y telefonía celular, sean los jóvenes que inventan los aparatos del futuro, sean los jóvenes investigadores de la genética y la productividad, sean los desarrolladores de nuevas fuentes de energía, que precautelando el medio ambiente, sustituya a las actuales fuentes contaminantes.

Cuando una sociedad ya ha sido capaz de imaginarse a sí misma en el futuro, es hora de la segunda pregunta: ¿Por dónde empezar? La respuesta es unirse y organizarse. Nadie puede caminar al futuro dividido y peor desorganizado. Para unirse es preciso tener el coraje de virar la página de las odiosidades, los resentimientos y las envidias, para anteponer el objetivo colectivo a los pequeños intereses egoístas.

Cuando se analiza la experiencia de los países emergentes se encuentra que uno de los indicadores más significativos del deslumbrante progreso de China se refleja en el crecimiento inusitado de su clase media. Bajo la óptica de los enfoques económicos del pasado se miraba con cierto desdén al amplio sector social denominado de manera subalterna como “clase media”. El mismo nombre revela ese menosprecio, pues ni siquiera se la reconoce identidad propia y apenas se la ubica como un simple subsector social. Pero la realidad actual la reconoce como uno de los sectores más dinámicos debido a su gran aporte con los emprendimientos pequeños y medianos, su enorme capacidad de compra de bienes y servicios, y con su juventud para la formación de científicos y técnicos.

Organizarse es fundamental y eso significa que cada uno ocupe su lugar y despliegue su talento mediante el patrocinio de emprendimientos que generen producción y trabajo. Somos un país muy favorecido por la naturaleza pero anclado en la producción de alimentos y materias primas, que en el contexto de la economía mundial, cada día pierden más significación. Hay que dar un paso adelante e incorporarse a los procesos productivos que agregan valor y se insertan en la dinámica mundial. Es indispensable mirar a la Cuenca del Pacífico y dirigir los esfuerzos para vincularnos activamente a ella. El proyecto de la vía Manta-Manaos debe ser asumida como prioridad nacional para convertirnos en el eje de la comunicación de los países asiáticos con el gigante sudamericano Brasil.   

El Ecuador que queremos es una Patria orgullosa de su pasado y al mismo tiempo, vigorosa constructora del futuro. Cuando estamos en los albores de la segunda década del siglo XXI es urgente incorporarnos al mundo mediante el acceso de todos los niños y jóvenes a la computadora y al Internet para que ellos también aporten al conocimiento que cambia y se innova cada minuto. No podemos dejar a nuestros jóvenes al margen del febril flujo de información mundial. Una computadora para cada estudiante y todos los establecimientos escolares con acceso a la banda ancha de Internet.

Hay que cambiar de mentalidad, debemos dejar de pensar con los esquemas del pasado para mirar a la realidad de otro modo. El mundo es de los visionarios y de los emprendedores. No se puede conducir un vehículo hacia adelante fijando los ojos en el retrovisor. 



 


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