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Año 13 - Febrero/2011
BIMESTRAL
N° 61
polÍtica    INICIO      Martes 18 de Junio del 2019    
  EDITORIAL

  POLÍTICA
ENTRE DECLIVES Y MESIANISMOS
SE DESGRANA LA MAZORCA
YO VOTARÉ NO
LA FATALIDAD DEL CAUDILLISMO
ESTILO DE GOBIENRO

  ANÁLISIS
POLÍTICA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

  OPINIÓN
EL ECUADOR QUE QUEREMOS

  DENUNCIA
ATRAPADO SIN SALIDA

  SOCIEDAD
VIVIR Y PROGRESAR

  LITERATURA
SABIOS ORFEBRES DE LA PALABRA

  NOTICIAS

  ARTE
JOAQUÍN PINTO

  CULTURA
MUSEOS DE CUENCA

  SALUD
LA MEDICINA CHINA

  COMUNIDAD
20 AÑOS DE ARTE, CULTURA Y SENTIMIENTO

POR: Enrique Gallegos A.

 

 


Yo votaré no

No parece tener ninguna lógica que un gobierno que ha mantenido y mantiene el control total de la Asamblea Nacional, pretenda recurrir hoy al arbitrio de convocar a una consulta popular con el ánimo de efectuar cambios en la novísima Constitución que se encuentra vigente un poco más de dos años. Siendo generosos y si aceptáramos que es indispensable efectuar esos cambios, lo primero que tendríamos que reclamarle a los asambleístas constituyentes y al mismo ejecutivo es que nos expliquen las razones por las cuales no las incluyeron desde el principio. Parecería que constituiría una tácita aceptación del gobierno de la revolución ciudadana en el sentido de que hubo improvisación y descuido en los textos que, como es público, provenían directamente de la Secretaría Jurídica de la Presidencia, bajo el control absoluto del abogado Alexis Mera, eminencia gris del régimen.

Tampoco es cierto – y por una razón similar – que el gobierno de Rafael Correa pueda ser absuelto de culpa por los errores garrafales y la corrupción galopante que impera en la administración de justicia, Talón de Aquiles de nuestras ilusiones de vivir en un auténtico estado de derecho, porque la constituyente, que a través de sus mandatos, a las pocas horas de haber arribado, reguló muchos temas controversiales de nuestra realidad institucional, bien pudo – como yo lo reclamé en su momento – comenzar por allí; la impresión que tenemos todos es que el gobierno ha mantenido en su sitio a la Función Judicial, durante largos cuatro años, a manera de chivo expiatorio, y que bien que ésta no ha obstaculizado ninguna de las acciones gubernamentales, seguramente en la esperanza de que su incondicionalidad fuera tomada en cuenta el momento de las reestructuraciones. Voy a poner dos ejemplos que los considero significativos: el primero, la manera como el doctor José Vicente Troya, conspicuo representante de la corrupta partidocracia demócrata cristiana, sale de la Corte Nacional pero no para abajo sino para un cargo mejor: una beca que se llama ir al Tribunal Andino de Justicia, donde sus integrantes ganan la bicoca de 20 mil dólares mensuales por la abrumadora tarea de no hacer nada.

El segundo, la manera notoriamente cómplice de la dicha Corte Nacional presidida por Troya de abstenerse de acción alguna cuando el antiguo Tribunal Constitucional configuró un auténtico golpe de estado, al decidir convertirse, por sí y ante sí, en Corte Constitucional. Nosotros tenemos la impresión – y creo que es compartida por una inmensa mayoría – de que el tal plebiscito y consulta encubre la necesidad de crear una nueva plataforma electoral para mantener al presidente Correa en permanente campaña, hecho de singular caracterización populista, incompatible con una política de cambio revolucionario y socialista, máscara que ha adoptado el gobierno de Rafael Correa para entronizarse en una maquinaria estatal bajo su completo y absoluto dominio. Los que nos consideramos auténticos socialistas no podemos compartir una visión tan personalista para ejecutar los cambios requeridos, que no pueden hacerse sin la auténtica comprensión y participación de las masas políticas. Aprovecho la oportunidad para expresar una tesis: la experiencia nos ha enseñado que las permisivas reelecciones en los cargos de elección popular, se prestan para este tipo de situaciones. En el primer período de un presidente éste solamente se pasa preparando su reelección, hecho que deviene en actitudes demagógicas. Sería mucho mejor que exista un cambio constitucional en el sentido de que el período presidencial deba ser extendido a seis años y se establezca el principio auténticamente democrático de impedir la reelección de esa misma persona para siempre. Una democracia legítima no puede partir del hecho de que existen personas irremplazables, base del culto a la personalidad y de sueños oníricos de grandeza.  

No existe pregunta alguna de las planteadas que atañan a la reforma constitucional, que no pueda ser resuelta por la misma Asamblea. La que se refiere a la posibilidad de que una comisión bajo estricto control del ejecutivo reorganice la Función Judicial, es una verdadera grosería. Es una especie de insuflación napoléonica que se ha apoderado de nuestro mandatario. Cualquier reforma que se plantee dentro de la corrompida administración de justicia, y que es impostergable por cierto, debe provenir de colegios ciudadanos que se formen al amparo de lo que dispone el artículo 208 de la Constitución vigente, mediante una disposición legal emitida por la Asamblea Nacional. Eso sería mucho más democrático.  

El resto de las preguntas son una auténtica tontería y sus visos demagógicos no pueden ser ocultados. El Legislativo puede dictar todas las leyes que a su juicio sean importantes, ya para castigar el enriquecimiento privado ilícito o los excesos en los medios de comunicación. Lo mismo en lo que atañe a quienes no cumplan con las leyes vinculadas a la seguridad social. Igual en lo que se refiere a los juegos de azar o a las corridas de toros y peleas de gallos. Es una tomadura de pelo que nos llamen a consulta para estas boberías. A propósito, ¿qué pasó con Invermoon? ¿Es necesario que los ecuatorianos asistamos a un referéndum para suplir las deficiencias de unos cuantos intendentes y autoridades de menor jerarquía que permiten que cualquier sinvergüenza monte un casino en plena calle?   Ayer leí un artículo suscrito por el abogado León Roldós, con quien, por cierto, mantengo graves divergencias. Es verdad lo que afirmó en su nota: la historia de la humanidad contemporánea está repleta de plebiscitos ordenados por caudillos que aprovechan momentos de esplendor para fortalecer irregularmente sus ambiciones tiránicas: Hitler, Mussolini, Pinochet, Duvalier, Trujillo, Idi Amán y cuanto tirano ha parido la historia, se ha apoyado en esta singular manera de obtener respaldo para lo que le dé su gana. Yo ya he hecho pública mi decisión: voy a votar NO en todas las preguntas, independientemente de su contenido. Lo que quiero manifestar con ese NO es mi rechazo a una forma de gobernar atrabiliaria y ajena a los verdaderos propósitos que supuestamente inspiraron al régimen en sus orígenes y que en más de una oportunidad me motivó a votar sí.



 


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