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Año 13 - Febrero/2011
BIMESTRAL
N° 61
polÍtica    INICIO      Miércoles 21 de Agosto del 2019    
  EDITORIAL

  POLÍTICA
ENTRE DECLIVES Y MESIANISMOS
SE DESGRANA LA MAZORCA
YO VOTARÉ NO
LA FATALIDAD DEL CAUDILLISMO
ESTILO DE GOBIENRO

  ANÁLISIS
POLÍTICA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

  OPINIÓN
EL ECUADOR QUE QUEREMOS

  DENUNCIA
ATRAPADO SIN SALIDA

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VIVIR Y PROGRESAR

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SABIOS ORFEBRES DE LA PALABRA

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JOAQUÍN PINTO

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LA MEDICINA CHINA

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20 AÑOS DE ARTE, CULTURA Y SENTIMIENTO

POR: Juan Cuvi

 

 


La fatalidad del Caudillismo

 ¿Cómo explicar que un gobierno que se autoproclama de izquierda quiera introducir, mediante consulta popular, una agenda penal largamente anhelada por la derecha más recalcitrante? ¿Cómo entender que en los últimos tiempos el principal vocero y hombre fuerte del régimen sea un connotado discípulo de León Febres Cordero? ¿Cómo interpretar que una serie de dirigentes comunitarios estén hoy condenados a largas penas de prisión bajo la infame acusación de terrorismo?

Si algo ha provocado la crisis política nacional, así como el crónico desmoronamiento de las instituciones, es  una permanente discrecionalidad en el ejercicio del poder. La ausencia de referentes programáticos y de parámetros orgánicos es remplazada por el pragmatismo más rampante y por las fintas coyunturales. No hay partido ni plan de gobierno… únicamente un timonel que sortea las tempestades a punta de intuición, habilidad y estado de ánimo. Pero es tan embriagante el vértigo de los acontecimientos que termina por nublar cualquier horizonte. Al final, el rumbo del proceso se vuelve intrascendente, y lo prioritario radica en mantenerse aferrado al timón.

La ambigüedad y la inconsistencia son hasta ahora los principales distintivos del gobierno de Correa. El agresivo discurso contra los “pelucones” no ha impedido que los principales grupos oligárquicos del país hayan sido los mayores beneficiarios de las políticas económicas. La intensa campaña mediática y diplomática a favor del Yasuní no detiene las obras de infraestructura que rápidamente se aproximan al ITT. La retórica participativa no ha posibilitado la inclusión de los movimientos sociales en las instancias de decisión.

Habría que ver si lo que muchos perciben como un viraje del gobierno hacia la derecha es una reacción de supervivencia táctica, o es la expresión de una estrategia diseñada con antelación. En ambos casos, las consecuencias finales no diferirán mayormente. La izquierda ecuatoriana tiene sobradas razones para alimentar su suspicacia. La más indignante, la traición de Velasco Ibarra en 1946; la más bochornosa, la de Lucio Gutiérrez en el 2003.

En todo caso, cada vez se evidencia más la articulación del gobierno alrededor del presidente y su círculo más íntimo, donde ministros, asambleístas y altos funcionarios solamente refrendan la formalidad institucional. Son oropel del Presidente. El caudillismo más clásico se impone como confirmación de una fatalidad histórica nacional.

Quienes la tienen más complicada son los sectores de izquierda, tanto aquel reducido grupo que aún sobrevive al interior del régimen, como el sector mayoritario que actúa por fuera de la órbita oficial. Las viejas aspiraciones de un cambio profundo de la sociedad se estrellan hoy contra un implacable pragmatismo. En su afán por sintonizarse con la emotividad ciudadana del momento –registrada mediante sondeos y encuestas–, Alianza País no duda en adoptar posturas contrarias a los principios que la llevaron al poder. Las elecciones como mecanismo para viabilizar un supuesto proyecto de cambio terminan convertidas en finalidad.

Proponer, por ejemplo, que la seguridad ciudadana radica en el endurecimiento de la penalidad le erizaría los pelos al más pasmado militante de izquierda. Apostar por la restructuración de la función judicial desde una comisión designada por el poder de turno constituye un agravio a los asambleístas de Montecristi, que se jugaron por la institucionalidad de los procesos y por la defensa de la democracia frente a las viejas mañoserías de la partidocracia.

¿Cómo se sentirán hoy aquellos asambleístas que cerraron filas alrededor de Alberto Acosta para impedir, en aquella ocasión, que se metiera mano a la justicia? La desfachatez llegó al extremo de hacer circular hojas con un listado de las “nuevas” salas de la Corte Nacional de Justicia, con nombres y apellidos de los jueces elegidos. ¿Qué opinarán los asesores jurídicos de Alianza País que en Montecristi abogaban por un neoconstitucionalismo basada en la progresividad de los derechos, cuando hoy se intenta aplicar medidas abiertamente regresivas respecto de la caducidad de la prisión preventiva?

La utilitaria tesis de la justificación de los medios demuestra su perversidad cuando, en la práctica, estos terminan contaminando y envileciendo al propio fin. Utilizar el recurso de la consulta popular con fines coyunturales y banales desvirtúa el concepto de la participación popular como fundamento de la democracia. Lo trascendental se vuelve superfluo, lo instrumental se impone sobre lo sustancial. Como en tantas ocasiones anteriores, el pueblo terminará pensando que las consultas populares solo sirven para sacar del atolladero al gobierno. Mientras tanto, la realidad seguirá su curso inexorable, con su amarga dosis de inseguridad, corrupción, injustica y arbitrariedad.



 


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