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Año 13 - Febrero/2011
BIMESTRAL
N° 61
cultura    INICIO      Martes 18 de Junio del 2019    
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ENTRE DECLIVES Y MESIANISMOS
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YO VOTARÉ NO
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MUSEOS DE CUENCA

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LA MEDICINA CHINA

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20 AÑOS DE ARTE, CULTURA Y SENTIMIENTO

POR: Jaime Idrovo U.

 

 


Museos de Cuenca

 Cuenca es una ciudad bonita ¡Sí!

También es una ciudad de historia, tradición y cultura !Desde luego!

¡Eso y mucho más es Cuenca!

Pero la urbe se debate entre problemas heredados y otros recientemente adquiridos. Imposible negar por ejemplo,  que a nivel del tránsito, resulta un espacio caótico y exasperante, producto de la contradicción entre la traza colonial de sus calles y el aumento incontenible de vehículos que circulan, especialmente por el Centro Histórico, sin una solución que se visualice con claridad a corto plazo. O que el crecimiento poblacional de los últimos años, alimentado por la migración desde la provincia y desde otras regiones del País o incluso de áreas vecinas, sumado a los problemas que arrastra el éxodo de sus habitantes hacia el extranjero, estén generando una suerte de pérdida de identidad cultural, cuya reflexión debe estar ya en el calendario de las autoridades locales.

Porque que no se trata de impedir ni lo uno ni lo otro, sino por el contrario, generar los mecanismos para que esta dinámica esté acompañada de un conjunto de recursos y acciones que permitan asimilar, por parte de quienes aquí se asientan o regresan al terruño, justamente toda aquella corriente de paisajes, personas, monumentos, eventos, recuerdos y pensamientos que forjaron la idiosincrasia del ser cuencano.

Hecho que se traduce justamente en la incorporación coherente y ordenada de los elementos más avanzados de la expresión de la identidad, que suelen traslucirse en el cuerpo de museos que posee una ciudad, sean éstos de carácter público o privado, puesto que en ellos se refleja el espíritu mismo de la sociedad y su construcción cotidiana, al igual que su visión de futuro.

Así, resulta que Cuenca es también una ciudad de Museos y por ello nuestros parabienes, aunque resulta que su perfil, en tanto que conjunto organizado, deja mucho que desear y, por aquello, aspectos que corregir. Hagamos entonces un primer recorrido sobre su historiografía.

En primer lugar vale señalar que los museos en Cuenca se formaron y crecieron de manera espontanea y nunca cobijados por una política pública: El Padre Crespi, sacerdote salesiano que se interesaba en “antigüedades” formó una de las primeras colecciones arqueológicas y etnográficas del país, en las primeras décadas del siglo pasado. Posteriormente, el Municipio de Cuenca compró la casa de Remigio Crespo Toral y se organizó, puertas adentro, el primer museo de la ciudad, con diversas colecciones de arqueología regional, obras de arte y objetos de referencia a la vida de las familias pudientes de la urbe, en la transición entre los siglos XIX y XX. Igual ocurrió con la colección del colegio Benigno Malo que permaneció también ignorado, sin apoyo propio, y más bien sujeto a la pérdida de importantes piezas arqueológicas y paleontológicas.

Ocurriendo que a finales de la década del setenta se inaugura el Museo del Banco Central del Ecuador y con este hecho, se inicia también una segunda fase en la vida de los museos cuencanos, que comienzan a multiplicarse, diversificarse y dinamizarse.

En este camino, aunque con alguna anterioridad, se organiza un espacio museográfico sobre el “Folklore Azuayo y Cañari”,  de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, surgiendo luego el Museo Municipal de Arte Moderno y el religioso de Las Conceptas, más el Museo Manuel Agustín Landivar, también de la CCNA; se suman además el de artesanías a nivel continental, dirigido por el CIDAP, junto con importantes colecciones arqueológicas como la del Dr. Juan Cordero Íñiguez,  que abre sus puertas al público, incorporándose en años posteriores el de la “Identidad Kañari” de Fernando García. Finalmente  aparecen: “La Casa del Sombrero”, el zoo urbano “Amaru”, el Museo de Esqueletología, el “Museo Arqueológico de la Universidad de Cuenca”, más otros como el “Museo de los Metales” que mantiene el local con actividades culturales, aunque todavía no ha concretado su propuesta.

Es decir un importante escenario de museos que sin embargo, pese a su desarrollo, presentan en conjunto algunos problemas por resolver, esto es:

Cinco de los museos existentes presentan exposiciones de arqueología regional y nacional, lo cual resta y no multiplica, frente a las exigencias de los visitantes, que una vez llegados al primero o al más importante, pierden interés frente a los restantes.

Museos como el del Banco Central, poseen importantes colecciones de arqueología local, regional y  nacional, además de: arte colonial, republicano, exposiciones ocasionales de arte contemporáneo, etnografía nacional, numismática y naturalmente el conjunto arqueológico de Pumapungo. Pese a ello, las salas, en su diversidad no mantienen una unidad museológica ni museográfica, de suerte que la abundancia de información en unas contrasta con la casi ausencia en otras; sala como la de “Tomebamba” se caracterizan por la abundancia de objetos exhibidos y la riqueza de los recursos museográficos contemporáneos, mientras que la de Etnografía aparece como una verdadera muestra escenográfica, sin mayor información sobre los objetos, los conjuntos exhibidos o los procesos sociales que los forjaron. En fin, un conjunto que no muestra homogeneidad y terminan por confundir al visitante.

El Museo del Banco Central y el Manuel Agustín Landivar incluyen entre sus componentes los vestigios arqueológicos de Tomebamba y los primeros años de la colonia. Sin embargo, ninguno de ellos señala y orienta al visitante sobre esta particularidad que debe dar continuidad a los recorridos, terminando aislados el uno del otro.

Los museos de la ciudad excluyen el factor investigativo en sus locales y reservas, con lo cual, se convierten en simples expositores y/o informadores de las temáticas que presentan, mas no, gestores del desarrollo científico en esos campos.

La gran mayoría de los museos de Cuenca funcionan, en el mejor de los casos, hasta el sábado a medio día. Esto hace que los usuarios nacionales y extranjeros, más los propios cuencanos, no dispongan del tiempo requerido para conocer y disfrutar de este patrimonio, durante los fines de semanas, como ocurre en cualquier parte del planeta.

Cada museo funciona como una unidad autónoma, sin que se cruce información entre los directivos y, peor aún, se generen interacciones que favorezcan al público que en último término es el que les da vida y justifica.

Por lo cual, es importante que se tomen correctivos, partiendo del hecho fundamental que radica, en estos tiempos de cambios y conflictos, cuando cabe pensar en soluciones y proponer alternativas, el camino más idóneo; esto es, que el Municipio y el Alcalde, en calidad de autoridad máxima de Cuenca, organicen un Conjunto de acciones que podrían concretarse en la conformación de un ente coordinador de las políticas culturales en torno a los museos, el mismo que debería:

Darle coherencia y coordinación dentro del conjunto de museos, a la especialidad que debe tener cada uno de ellos, sin que se generen competencias sino mas bien complementaridades; buscar los apoyos económicos e institucionales para que los museos, especialmente los pequeños, tengan una vida activa y en constante mejoramiento; se incluyan proyectos de investigación a partir de las diferentes colecciones que posee cada uno de ellos; se planifique la construcción de nuevos museos según las necesidades barriales y, finalmente, se reglamente su funcionamiento.

Sólo así, Cuenca, a más de ser bonita, con historia, tradición e identidad, presentará, al menos en el aspecto cultural, ya que es Patrimonio de la Humanidad, una imagen digna del título que ostenta.



 


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