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Año 18 - Octubre/2016
BIMESTRAL
N° 95
turismo    INICIO      Jueves 09 de Julio del 2020    
  EDITORIAL

  INTERNACIONAL
HECHICEROS DE LAS REVOLUCIONES DE LOS COLORES

  POLÍTICA
WL PUEBLO QUIERE HABLAR Y DECIDIR!

  HISTORIA
ABYA YALA, EL VERDADERO NOMBRE DE EETSE CONTINENTE

  JUDICIAL
REENCUENTRO CON LA JUSTICIA

  PATRIMONIO
LA CORONA DE LA "POLÉMICA"

  CULTURA
CULTURA Y CREACIÓN
LA FOTO Y LOS RECUERDOS
LOS VERSOS EN LA MÚSICA
PÁGINA LITERARIA

  TURISMO
CAPTURANDO MEMORIAS EN REPÚBLICA DOMINICANA

  COMUNIDAD
TRABAJANDO POR LA INCLUSIÓN

POR: Gabriela Astudillo Patiño

 

 


Capturando memorias en República Dominicana

Desde pequeña soñaba con viajes, con conocer nuevas culturas y lugares que veía en libros y revistas, tal vez lo sentía como algo lejano e inalcanzable pero era un deseo de mi corazón e intuición. En el colegio disfrutaba de las tareas de Geografía e Historia, aprovechando  las imágenes que fotocopiaba de enciclopedias grandes y empolvadas, fotografías grises que coloreaba para darle más vida y realismo a mis cuadernos; pasaron los años y ya estaba viajando, soñando, pensando… De pronto escuché por el altavoz ¡Abróchense los cinturones! entonces sonreí a mi tía Nin que estaba sentada junto a mí; recuerdo que era una tarde bastante soleada, en la ventana del avión resplandecía el sol y lo abrigaba, llena de curiosidad me asomé y vi una fracción de tierra color verde militar, rodeada por el turquesa del mar Caribe, un lugar de ensueño, era REPUBLICA DOMINICANA.

Es un país que ocupa un poco más de los dos tercios orientales de La Española, en el archipiélago de las Antillas Mayores. El tercio occidental de la isla está ocupado por Haití. Tanto por superficie como por población es la segunda nación mayor del Caribe, después de Cuba. Según el censo de 2010 tiene una población de 9 445 281 habitantes.

Al aterrizar, nos dieron la más cálida bienvenida mi tío Oscar y Luis Ernesto (mi primito Cucú), recorrimos desde el aeropuerto entre enormes palmeras, que parecía, bailaban de lado a lado de la carretera, hasta el Condominio Anacaona II, que era donde vivían. Al día siguiente había que conocer tantos espacios y lugares, lo primero que se observaba era el Parque Mirador Sur, un manojo de hojas verdes que motivaba a salir tempranito a hacer deporte y tomar aire fresco porque luego de las 8 am dominaba el astro rey. Al atravesar el malecón podía admirar el cielo y el mar, dos tonos azulados como tomados de la mano y meciendo desde los más pequeños botecitos hasta los majestuosos cruceros, recuerdo el Inspiration Cruise; me contagiaba de la alegría de su gente, de su merengue y del reggae que aprendí a bailarlo y disfrutarlo, de beber el puro agua e´coco. Después empezaba el tour por las paradisíacas playas Boca Chica, La Romana y Punta Cana, donde estaba el Hotel Meliá Bávaro, un sueño dentro de otro, jardines tropicales, refrescantes piscinas de todas las formas y tamaños, lagunas con una fauna sorprendente y qué decir de la exquisita gastronomía  ¡mmm cachitos para el cielo! Todo esto junto a la playa, sintiendo una oleada intensa de calor y a la vez una brisa deliciosa; sin duda no quería dejar de sentir aquella libertad en plena naturaleza.
  
Pasaban los días, seguía fantaseando, al rato me encontraba nuevamente en Santo Domingo, caminando por el Obelisco y por el Monumento a las Hermanas Mirabal –asesinadas por Trujillo- una larga y triste historia entre la oposición y la dictadura; y fue como un llamado de atención de que no todo era color de rosa; así que conocí el otro lado de la realidad dominicana, era increíble la división tan marcada no solo a nivel social sino también físico, pues al atravesar uno de los puentes, estaba el Barrio Marginal, gente con sus propios sueños e ilusiones, paradójicamente escuchando el mismo merengue a la otra orilla, pero en condiciones muy diferentes, calles sin asfalto donde los niños jugaban felices sin entender aún que sus casitas de madera en estado deplorable podrían ser mejores, eran unos hermosos morenitos a medio vestir, ¡Ah! y cuidado con decirles “negros” o “prietos” porque había un terrible racismo desde pequeños, que marcaba humillación, burla y rechazo, “no todo somo iguale, aquí hay solo mulato, blanco e indio. Negro lo haitiano…”, decían. 

Precisamente los asentamientos humanos y el problema de la vivienda hicieron que Oscar trabaje durante algunos años en República Dominicana, pues, la Comunidad Internacional a través de las Naciones Unidas, de la que formaba parte, propiciaba estrategias generales de planeación para solventar dichos problemas urbanos. Le apasionaban estos temas, me contaba acerca de la llegada de los conquistadores a tierras Dominicanas, donde en sólo 30 años aniquilaron a 250.000 indígenas, formando las grandes Metrópolis europeas de producción, mientras que las ciudades latinoamericanas eran simples exportadoras; así se fundó Santo Domingo, como parte de las primeras factorías-fortificaciones de Las Antillas, con un trazado irregular, con sus angostas y adoquinadas callecitas que rodean la plaza central y la Catedral Primada de América. Hasta el año 1900 el país tenía solo 14.000 habitantes. A partir de los años 30´s la ciudad empieza a crecer, el recinto amurallado y colonial pasa de ser residencial a comercial, el paso peatonal El Conde por ejemplo, se llena de actividad ambulante, el tráfico vehicular crece, la burguesía sale a vivir sobre todo hacia el norte, en terrenos que hasta esa época eran destinados para cultivos de caña de azúcar. Además se inicia la construcción de grandes y lujosos edificios a las afueras del centro, hoteles como el Jaragua, Sheraton y el V Centenario, centros comerciales y restaurantes.

Estas representaban algunas de las expresiones de la “modernización”, obviamente significaba un progreso para el país, pero ello “no ocultaba la auténtica realidad: la ciudad moderna y elegante, versus la pobre, la de los asentamientos espontáneos… frente al déficit de vivienda, mi tío mantenía el lema de que “no era inalcanzable solventarla si las cifras se comparaban con los gastos en armas…” y estaba en contra de las “limpiezas” hechas por dictadores como Balaguer, que usaban estas edificaciones como pantalla para dividir la ciudad y ocultar a las masas marginales. En el marco de la evolución del hábitat social y por ende de la ejecución de conjuntos habitacionales para clases bajas, emprendió el Proyecto de Reconstrucción de Viviendas que se vieron afectadas por el huracán de 1996; Oscar como el excelente arquitecto y profesional que era, sumado a su calidad humana, solidaria y generosa, supo aprovechar el ser miembro de la ONU para hacer una noble obra social, luego de visitas de campo, diagnósticos exhaustivos, planificación minuciosa y trabajo comunitario, consiguió que muchas familias vuelvan a tener un hogar. Eran casitas de bloque con estructuras de madera que le devolvían esperanza al devastado suelo caribeño. El relato de esta historia se mimetizaba con música de Sabina, libros de Neruda, frases chilenas, un buen vino y excelente sentido del humor.

Así fueron sucediendo mis vivencias inolvidables, hasta que llegó el día de mi despedida, estaba junto a mi tía Nin y el pequeño Cucú, con lágrimas en los ojos y un abrazo de hasta siempre, salí del Anacaona II. Oscar me llevó al aeropuerto, y en el camino sacó un paquete con más de cien fotografías y me las regaló; regresé a mi país llena de gratitud y cargada de recuerdos, no sólo impresos a color sino impregnados en mi corazón, pues fue mi primer regalo de graduación, mi primer viaje, mi primer sueño geográfico hecho realidad.

Este es apenas un pequeño tributo a la memoria de mi querido tío a los 4 años de su partida.




 


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