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Año 18 - Octubre/2016
BIMESTRAL
N° 95
cultura    INICIO      Sábado 04 de Abril del 2020    
  EDITORIAL

  INTERNACIONAL
HECHICEROS DE LAS REVOLUCIONES DE LOS COLORES

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WL PUEBLO QUIERE HABLAR Y DECIDIR!

  HISTORIA
ABYA YALA, EL VERDADERO NOMBRE DE EETSE CONTINENTE

  JUDICIAL
REENCUENTRO CON LA JUSTICIA

  PATRIMONIO
LA CORONA DE LA "POLÉMICA"

  CULTURA
CULTURA Y CREACIÓN
LA FOTO Y LOS RECUERDOS
LOS VERSOS EN LA MÚSICA
PÁGINA LITERARIA

  TURISMO
CAPTURANDO MEMORIAS EN REPÚBLICA DOMINICANA

  COMUNIDAD
TRABAJANDO POR LA INCLUSIÓN

POR: Rodrigo Pesantez Rodas

 

 


Los versos en la música
El verso no es más que el vehículo morfosintáctico por el que camina la palabra hacia la consecución del Verbo-creador: la Poesía.

Pero hoy, cuando vientos nada favorables nos hacen percibir una crisis literaria, sobre todo en este género, hay que sustentar el límite diferencial que existe entre verso y poesía.  La versomanía que a rienda suelta nos inunda a través de libros, publicaciones, “antologías” es una transgresión al concepto aristotélico de lo que es lo uno y lo que significa lo otro. El verso es la estructura sistematizada a través de ciertos requerimientos  como el ritmo interior, indispensable aun en los de libre simetría. La poesía adviene dentro de esas estructuras  por medio de la palabra re-creada síquica y emocionalmente  en los semantemas. La poesía es magia. El verso su andamiaje. No todos los sintagmas versales nos llevan al cauce poético, muchos se quedan en lo literario en lo epidérmico; sin embargo, hay una tercera categorización que son aquellos que aparte de ovillar calidades estéticas y dadas sus cualidades rítmicas son aleros también codiciados por las cuerdas de Orfeo.

Desde esta percepción y dadas  las especificidades fónicas  y sinonímicas de nuestra lengua castellana  hay versos que se han convertido en patrimonio artístico-cultural y no precisamente por estar incluidos en exigentes antologías de expertos antologadores o/y estudiosos de nuestra poesía, sino porque han calado en el alma emocional y anímica del pueblo: destinatario final de todo mensaje artístico,  como lo hicieron  los trovadores en los tiempos medievales.

En nuestra América y en Ecuador tenemos algunos casos  donde estos versos cincelados en pentagramas  han traspasado fronteras para convertirse en estímulos psicoemocionales de quienes los cantan y de quienes los escuchan.

Uno de estos casos es el de Rosario Sansores, (México, 1889-1972) autora de algunos poemarios  y periodista que ha logrado convertirse en una figura emblemática a través de una composición titulada Sombras y que fue musicalizada por el compositor ecuatoriana  Carlos Brito Benavides.

Después de su matrimonio con el cubano Antonio Sangenís  se radicaró en La Habana donde empezó a publicar en revistas y periódicos sus versos que no fueron bien recibidos por los escritores  y críticos cubanos en razón de que los miraban muy sensibleros, cuando ya en la isla se había instalado el Modernismo  como escuela literaria. ¿Pero, se puede pensar que el romanticismo es sensiblero?, de ninguna manera. El romanticismo es más que una escuela literaria, un estado emocional innato a  todo ser humano. Ya lo advirtió Rubén Darío en esta célebre frase: “¿Quién que ES no es romántico”.

Rosario Sansores se declaraba contraria a las tendencias modernas de la poesía y se declaraba cursi. Pero ella no retrocedió  en su estilo ni se amilanó ante opiniones contrarias y se enfrentó a través de estas declaraciones suyas: “Sí, sí, la gente dice que soy cursi. Imagínate si no voy a serlo. Pero no me preocupa. Al contrario, me halaga. La gente que sabe que soy cursi demuestra que me ha leído, y eso es lo único que importa”.

SOMBRAS es el texto que ha inmortalizado a la autora mexicana en cuyo emblemático título hace luz la música de un compatriota nuestro: Carlos Brito Benavides.

Este pasillo ha fulgurado en  las  más finas y melodiosas cuerdas vocales de grandes intérpretes de la música intemporal como Carlota Jaramillo, Soledad Bravo, Chavela Vargas, Julio Jaramillo, María Dolores Pradera, Trío Los Panchos,  Alberto Cortez y José Luis Perales, así como en conjuntos corales de Ecuador, Colombia y Perú, y en las manos prodigiosas del extraordinario pianista mexicano Enrique Chía; y, en todos nosotros y los otros, cuando se enzarzan las añoranzas en los aleros de nuestras sensibilidades.

Pero queda por esclarecer sus niveles creativos dentro del verso. Se puede hablar de una Rosario Sansores, poeta? Por supuesto. En sus renglones versales donde Eros hace de la palabra piel de lirismo, se filtran  manantiales tropológicos de innegable vibración poética. En uno de sus sonetos, Imploración de amor, que también lo musicalizó Carlos Brito y quo en la voz de nuestra inolvidable Carlota Jaramillo cobra inéditas emociones, hay  dos versos que a través de una percepción visual ponen al descubierto el poder de su palabra engendradora: “mientras sobre las tibias colinas de mis senos/ tus grandes ojos claros se quedarán dormidos”.

En el año 1967 fue invitada por la Asociación de Periodistas de Guayaquil donde recibió la Lira de Oro en los Salones de la Ilustre Municipalidad porteña, declarándola huésped de honor. En tanto el presidente del Ecuador Dr. Otto Arosemena Gómez le entregó una Conde ración en Quito.

Cuando  en el 2006 fuimos invitados a Campeche, México por la Casa Maya de Poesía, auspiciante de nuestro poemario, Viñas de Orfeo, dimos el salto a Mérida, ciudad donde nació esta ilustre escritora;  conocimos la casa en la que nació y vivió su juventud. Hay una placa conmemorativa; y –aquí la anécdota-. No nos faltó entusiasmos para en compañía del poeta campechano Brígido Redondo que nos acompañaba entonar a dúo su pasillo Sombras, bajo el alero de su casa hoy convertida en patrimonio cultural y aunque desentonados, quisimos de esta manera que Mexico y Ecuador se juntaran en los versos de esta continental yucataense.


 


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