Ediciones Anteriores
 
Año 17 - Octubre/2015
BIMESTRAL
N° 89
cultura    INICIO      Domingo 12 de Julio del 2020    
  EDITORIAL

  INTERNACIONAL
RUSIA, LOS URALES, KAZAJSTÁN
GUATEMALA: NO BASTA CON LA RENUNCIA DE PÉREZ MOLINA

  POLÌTICA
RESISITEN AUTORITARISMO ESTATAL
¿Y EL MILAGRO ECUATORIANO?

  PATRIMONIO
CUENCA EN LA LIGA DE CIUDADES HISTÓRICAS

  NATURALEZA
EL CAJAS, ZONA PROTEGIDA

  CULTURA
CULTURA Y CREACIÓN
IGNACIO CARVALLO CASTILLO
CUENTOS DESDE OTRO RÍO
RESTAURAN LA NUEVA CASA MUSEO

  TURISMO
MEDELLIN... SU CALOR VERDADERO

  COMUNIDAD
CON DERECHO A LA RECREACIÓN

POR: Rodrigo Pesántez R.

 

 


Ignacio Carvallo Castillo, otra voz que se apaga
Indudablemente que el vértice de los años sesenta marcó una peculiaridad dentro del proceso histórico de nuestra literatura. Se vivían años que requerían de profundas transformaciones dado que los sistemas políticos, estéticos y sociales se encontraban deteriorados en sus bases ideológicas y morales. La revisión de los caminos era una urgencia, más aún, si teníamos a mano ejemplos como la revolución cubana, “ el acceso al poder de las guerrillas” y el nacimiento de nuevas repúblicas africanas que ponían fin al viejo y brutal colonialismo europeo.
En arte y literatura asistíamos a los nuevos sistemas melódicos de los Beatles, muy cerca de nuestras fronteras al nacimiento del Nadaísmo de Gonzalo Arango y Fanny Buitrago; algo más lejano, al “techo de la ballena” en Venezuela y en lo continental a la consolidación del boom literario en la narrativa.
Surgen así dos vertientes en la lírica ecuatoriana dentro de una misma Generación: la del 65 según la metodología de Ortega y Gasset, que toman la posta en la reestructuración de una poiesis desde otras codificaciones  del lenguaje:  la de los ztántzicos y la nuestra que, por iniciativa del poeta Rubén Astudillo se la denominó: Generación del 60.
Fue el lenguaje en su visionar semántico y estilístico el que marcó el termómetro renovador. Los primeros desacralizando sin compasión ni pena las estructuras anquilosadas y repetitivas de la palabra en su significado; en tanto, los segundos, codificando los semantemas hacia el alero de las significaciones. Aquí estamos nosotros: la Generación del 60 con algunos nombres  que ya son cifras mayores de la poesía nacional y continental: Euler Granda, Rubén Astudillo (1938-2002) Ana María Iza, Antonio Preciado Bedoya, Violeta Luna, Ignacio Carvallo Castillo, (1937-2015) Carlos Manuel Arízaga, Diego Oquendo, Gonzalo Espinel, Francisco Araujo Sánchez y Agustín Vulgarín, (1938-1986) todos ellos vinculados, enzarzados dentro de los parámetros que el método generacional exige: coetaneidad comunidad de vivencias y polarización de iniciativas.
Si los objetivos generacionales se cumplieron en todos y cada uno de nosotros, no todos persistieron en el camino con la misma intensidad y efervescencia de los primeros años. Unos, como Francisco Araujo Sánchez, (Quito, 1937) que habiéndose iniciado en el verso con tanta sabiduría expresiva que desbordaba el fulgor de la imagen, abrió un largo paréntesis donde hoy solo el silencio reclama su altiva voz. Y el de Ignacio Carvallo Castillo  (Guayaquil, 1937) que se abrió al periodismo recurrente desde las páginas del diario El Universo, como editorialista por el lapso de 37 años; así como a otras actividades culturales que limitaron el espacio para el que trajo grandes promesas: el de la poesía.
El Dr. Ignacio Carvallo Castillo que hoy  nos visita desde el misterio de lo eterno inefable hacia estas páginas, fue uno de los integrantes más valiosos de nuestra generación que trajo en su verbo y en su pluma todo el poder de la palabra bien expresada, bien escrita, bien fulgurada en los telares de la poesía, el periodismo, el ensayo, la crónica y la cátedra.
Periodista de opinión donde el criterio soberano de nutridas reflexiones democráticas y sociales marcó siempre la brújula orientadora del principal rotativo guayaquileño: El Universo.
Hombre de amplia cultura. Su palabra de ascendencia académica sin ser académico (¡” De las Academias, líbranos Señor”!) tuvo el poder de la convicción debido a sus altos, variados y nutridos conocimientos. Buen traductor del portugués y el italiano. Colaboró con estudios sobre nuestra literatura en varias revistas internacionales: Diccionario de la Literatura Latinoamericana, Washington, Unión Panamericana; Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid;  Testimonio, República Dominicana; Il Corriere Litterario Latino, Roma; Vértice, Caracas; Cuadrante Lisboa; Instituto Iberoamericano de Berlín y otros. En el Ecuador sus escritos se publicaron en la mayor parte de los Suplementos Literarios, De igual manera en el hebdomadario La Semana de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas; en la Revista del Grupo Cultural Oasis; en Letras del Ecuador y en la revista de poesía Niziah. La Fundación Caleuste Gulbenkian de Portugal le concedió una beca para que efectuara estudios de Literatura en las Universidades de ese País y el gobierno de Polonia le otorgó la Medalla Nicolás Copérnico por su trabajo educativo realizado con la participación de alumnos de los colegios Alemán Humboldt y Aguirre Abad. Fue el gestor de los Clubes Juveniles de la Unesco en Guayaquil.
Renuente a recoger su poesía, sus ensayos, sus conferencias en algún libro, ha sido la razón muy lamentable para que su nombre y su obra no hayan tenido un mejor acercamiento a los espacios cognitivos y valorativos de nuestra cultura en general y literatura en particular.
Sus textos poéticos escasos en cantidad pero de innegables calidades están dispersos en algunos periódicos y revistas nacionales y foráneos. Hernán Rodríguez Castelo lo incluyó en su Lírica Ecuatoriana Contemporánea (2do tomo). En 1965 obtuvo el Primer Premio Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño de Guayaquil con su texto, Perfiles de la Noche.
 De este largo poema y de los pocos que se conocen se pueden colegir que en Carvallo Castillo hubo un poeta de garra existencial. Se imbricó en los sintagmas de largo aliento versal con ritmo seguro y abiertas asonancias. Allí exorcizó  su soledad que fue la mayor paradoja de su existencia tan briosa y comunicativa, tan luminosa en su palabra y tan afable en sus relaciones sociales; y,   hasta de su sonrisa que  de vez en cuando.se ennoblecía en su rostro. Pero no. Al fondo una SOLEDAD (inquilina silenciosa de no pocos poetas) se cernía en su aliento existencial. Las escalas epitéticas y los lenguajes recurrentes sombríos de interrogantes significados taciturnos nos conducen irremediablemente a un territorio donde jamás quiso ponerse el sol. Escuchémoslo: “Estás bajo la noche con un sol de murciélagos ahogando tu mirada,/ y quien preguntará:/ ¿Por qué tu corazón rueda tan solo?/  ¿Por qué el silencio lanza sus toros a tus manos?/ ¿Por qué bajo el cadáver de la tarde/ te quedas contemplando/ salir de ti las alas de los cuervos nocturnos?. ¿Quién dio a mi corazón esta cortante lejanía/ hecha preguntas?/ ¿Quién me dejó descalzo y desvestido/ bajo el inmenso túmulo de la soledad? (De “Perfiles de la noche”)  En ese sol de murciélagos interrogando al yo-otro entre la desesperación de la belleza y la música quebrada está escondida la trampa  que no le dejó ver la luz con sus cinco sentidos. De estas visones lacerantes brota su poesía, su gran poesía que fulgura y nos abisma.
Alguna vez con una alzada de hombros se escapó de esos cauces soledosos y ensayó con épicas resonancias la cosmovisión telúrica de la naturaleza como en su poema también premiado, Ecuatorial, con escenarios conjugados entre  la esmeralda lujuria de nuestra amazonía y el rítmico acento morfosintáctico de las esdrújulas, donde el fulgor descriptivo atrapa y emociona el eje de la narración:  “Undívago y acuático, llego hasta los profundos resortes de los vértigos/ padres de las furias amazónicas/ ¡ Soy pez que vuelve en busca de su cueva remota/ donde una arena de oro rompiera su ovulillo!/ ¡Caigo a los espacios del silencio verde/ rotos tan solo/ por el rugir del corazón de los jaguares/ y puedo ser la hoja que trémula rueda/ a las cuevas, génesis del trueno,/ o al élitro zumbante de algún insecto azul flotando en medio del abismo”. (Fragmento de Ecuatorial)
También hizo sonetos no tan afortunados como los que se dieron en sus libérrimos y rítmicos versales donde la imagen o la metáfora reflejaban con nitidez intuitiva los atormentados telares de un  subconsciente herido y desolado: “Y quedo niño triste, sin algo que me ampare/ la música quebrada/ el silencio…./descarnada/ bajo el vacío nocturno de pañuelos ajenos…/ El hombre bajo un largo latigazo de ausencia/ borrado por el humo, nadie le ha preguntado: ¿Por qué su corazón rueda tan solo?.
Después del embrujo social y sicológico que dan el cotidiano ejercicio del periodismo a la palabra, así como  el concierto travieso y bullanguero de la juventud en las aulas, su jubilación obligada y paradójicamente necesaria no fue permeabilizada por los acogedores descansos y placideces que los merecía. La atmósfera vívida, y feraz de otros tiempos empezó a enturbiarse y aturdirse en sus signos vitales. No disfrutó de las percepciones visuales y emotivas que traen los otoños. Se presagiaba la llegada de un invierno lleno de nubarrones donde la adustez de su talento y aun de su autoestima empezaban  a perder la verticalidad y señorío de las codiciadas espigas que otrora coparon el aura de su existencia. Y anocheció de pronto. Mas volverá para quedarse siempre en la unánime y fúlgida memoria de los afectos culturales.



 


ENCUESTA
¿Está de acuerdo usted que el Tranvía pase por la Calle Gran Colombia en Cuenca?
SI
NO

resultados


  Dirección: Sucre 3-90 y vargas Machuca
3er. Piso, oficina #31
Teléfono: (593-7)2841019
Fax: (593-7)2841103

Copyright © 2012 PROCORP