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Año 10 - Febrero/2008
BIMESTRAL
N° 43
politica    INICIO      Domingo 05 de Septiembre del 2010    
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  POLITICA
UN AÑO DE LA REVOLUCION CIUDADANA
LA DERECHA CONTRAATACA
MAQUILLAJE MUNICIPAL

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SECUESTRADA

  MEDIO AMBIENTE
MEDIO AMBIENTE

  ENTREVISTA
LA FISCALÍA Y LA SOCIEDAD
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EL ADIÓS DE JEFFERSON

POR: Alberto Ordóñez O.

 

 


Maquillaje Municipal    

La ciudad de Cuenca y los cuencanos asistimos atónitos a la extraña y espectacular mixtura del régimen rocambolesco y  macondiano en que se ha convertido la administración municipal. Los decíbeles de su gestión alcanzan ese punto que provoca desazón, desconcierto, insatisfacción y sobre todo cruel dolor de oído, provocado por la endeble obra que, para mal de males –el dolor de oído- se extiende a lo largo y ancho de todo el pobre e indefenso cuerpo. ¿Qué motivo ha dado, me pregunto, entre el escozor del asombro y el ramalazo del malestar que nos acongoja? Estamos frente a un accionar irrelevante, falto de imaginación y poco visionario ¿Padecerá de falta de fondo de ojo? Un periférico contiguo al río Tomebamba- hubiese modernizado y permitido que el Cabildo adquiriera nuevos, frescos y cuantiosos ingresos de nuevo cuño. 

Es esta, además –como lo veremos más adelante- una administración en la que el irrespeto a los derechos humanos, especialmente a la libertad de expresión -probablemente el más importante de todos los derechos-  y por ende a la democracia respecto de la que tanto se inflan en defenderla –a la manera de las aves fragatas en celo-, cuando son, precisamente, a contrario sen su de lo que proclaman, sus tétricas líneas de desenvolvimiento.

En lo que a la obra municipal concierne, no hay en la historia regional,  época en que el paraguas de la ineficacia haya extendido tan lejos y tan hondo su negro velamen. Es más,  no hay ninguna obra consistente y significativa. Cuenca ha sido objeto de una cruel burla. Las fabulosas ofertas de campaña se diluyeron una vez más en el aire de las quimeras electoreras de ocasión y en el de las conocidas componendas, cuya institucionalización ya no sorprende a nadie.  Sin embargo el insolente ultraje con el que se ha ofendido a nuestra amada y respetable ciudad, no puede, no debe pasar desapercibido, y hablo  de ofensa y agravio, porque incumplir con la madre tutelar, en este caso concreto, con Cuenca, es incumplir con el primer mandamiento de todo hijo: Respetar, hacer respetar y honrar a su tierra madre. Quien no procede así, queda estigmatizado de por vida y merece el rechazo generalizado.

A propósito de obras –obras son amores dice el viejo  y sabio refrán popular- ¿Dónde Están? ¿Acaso se extraviaron en el espeso andamiaje burocrático que, de tan espeso, es capaz de lograr que desaparezca una manada de elefantes?.  Lo  cierto es que a ojos vista –y nada de personal existe en contra del señor Alcalde, quien es digno de mi estima- la obra del cabildo actual, es fofa, extremadamente lenta, llena de baches y  de esa suerte de amorfino serrano que con total propiedad se podría llamar: obra de maquillaje municipal, y digo maquillaje, porque aparte que es el recurso de las señoras de cierta edad, es el recurso de las administraciones que hacen de él su escudo para disimular su ineficacia. Sólo por vía de comparación La Casa de los Arcos, obra de la Universidad Estatal de Cuenca, es, sin duda, por su deslumbrante belleza y sus hondas repercusiones en el ámbito cultural, social y humano, infinitamente superior a todas las demás efectuadas por el Municipio.

¿Pero, que es lo que en realidad ha hecho el Municipio? Dos son los ejes capitales en que ha centrado su accionar: El denominado “Barrio para mejor vivir” que, hasta adolece de un grave e imperdonable error gramatical para la entidad rectora del urbanismo comarcano. Qué vergüenza para Cuenca, porque castizamente hablando,  debería haber dicho:  Barrio para vivir mejor, porque anteponer el adjetivo –mejor-  al verbo –vivir- es error monumental cuestionado hasta por los libros de la gramática escolar, y desde luego el otro eje: el maquillaje de las obras existentes. Pasar una manito de gato a lo hecho, para adscribirse como obra propia. Eso es todo. Lo demás es el vacío, la hueca hondura de un vació que causa desdén y agriurias. Ni siquiera ha habido  obras de relumbrón que permitan desviar la mirada hacia otros lados, como diríamos a lo Jorge Enrique Adoum.

Deteriorada imagen
Frente a lo acontecido en tres años de administración: 36 meses, más de 1000 días, estamos firmemente convencidos que ni Mandrake, el inefable mago, con su varita mágica estaría en capacidad de hacer nada para lograr que algo de relieve se ponga sobre el horizonte de las ejecutorias del Burgomaestre del cabildo cuencano. Todo no es sino palabrería huera, inconsistente y peligrosamente contradictoria. Por referirme solamente a un asunto de cierto calibre, recuerdo la oferta de campaña del hoy Burgomaestre, cuando en una pública reunión de campaña se comprometió –se dispone de las respectivas grabaciones- a no cobrar los impuestos a los frentistas de la Åvenida de Las Américas. ¿En que quedó su oferta?. pese a que como dice el refrán: “Palabra de caballero es deuda”. Pues,  en nada,  como casi la totalidad de su pírrica como irrelevante obra. Bueno, todavía le queda tiempo para rectificar y recuperar su deteriorada imagen.

A propósito de obras –obras son amores dice el viejo  y sabio refrán popular- ¿Dónde Están? Las decisiones, políticas, económicas, sociales, y urbanísticas que las inspiraron se han hecho ojo de hormiga o es que los cuencanos –porque todos, o casi todos, son coincidentes- nos hemos quedado ciegos. Hay a lo mejor una enfermedad colectiva –como la amnesia en el mítico Macondo de García Marquez- que nos ha hecho perder el maravilloso don de la vista. Sin ella,  no hubiese sido podido admirar el Parque Calderón refaccionado bellamente durante la administración del Corcho Cordero, y admirar a la Jennifer López,  sobre todo cuando anda, y da la idea de que es un mar de flores el que se nos viene encima. Si se viene que se venga, pero, pronto. ¡Pase lo que pase!. Tampoco hubiésemos podido admirar los pasos a desnivel del Corcho.

Pero, ahora, ¿qué podemos admirar?. ¿Quizá el vació, el inmenso vació de cuatro naderías irrelevantes que ofenden  a esta Cuenca “cargada de alma», a esta Cuenca, altiva, noble y soberana por su grandeza espiritual, por la de sus hijos, como por su incomparable entorno paisajístico.  Si a lo dicho agregamos la usual e indeclinable punjanza de sus ciudadanos y  autoridades en el empeño de promover su desarrollo, y la  respetabilidad y jerarquía intelectual obtenida a pulso por sus pintores, novelistas y por poetas admirables como César Dávila Andrade, Alfonso Moreno Mora y Eugenio Moreno Heredia, sus principales valuartes, podremos mensurar el tamaño de la atrabiliaria ofensa cometida.

¿Quizá no nos quede más que admirar la hueca hondura de la ineficacia?. ¿Qué más sino? Porque, para conseguirla – y he allí su virtud- se han  hecho esfuerzos invaluables, dignos de mejor causa. Dígase lo que se dijere, hay mérito, demérito más bien en orquestar una campaña que impida o detenga el progreso de nuestra urbe. ¿Acaso no se tiene conciencia de lo que realmente se administra? ¿Se ha perdido el sentido de las proporciones?. Cuenca, es Cuenca, lo demás, como se dice en otros lares,  es loma. La singularidad de su fisonomía geográfica y espiritual, le sitúan, siempre le han situado en ese lugar único e independiente, donde la singularidad de sus gentes y su belleza paisajística le han convertido en el polo magnético –para propios y extraños- de nuestra nacionalidad en ciernes.

Tres años de administración son más que suficientes para hacer un balance justo y preciso de la obra realizada por el cabildo morlaco. Será que en los meses que quedan, la obra aparecerá como por arte de biribirloque, o es que está empacada en algún lugar invisible. ¡Ojalá así sea!.  Pongo a Dios por testigo, porque nuestro escudo no sin motivo, dice: “Primero Dios y después vos”, y desde luego, hago fervientes votos porque la misma aparezca aunque sea a riesgo de que nos cierre la boca por la admiración y el demoledor impacto  -en el más positivo de los sentidos- que nos causaría.

Si la administración municipal ha decidido disolverse en inocuas actividades de maquillaje de obras de otros autores, allá ellos, pero lo que no permitiremos son los atentados a la libertad de expresión, porque pretender silenciarnos por esa vía, olería a complicidad malsana, a gallinazo preñado por la mortecina, y decir la verdad, dicha sea de paso, una vez más, es nuestro cardinal y permanente propósito, pese a quien le pesare y duela a quien le doliere.

Lamentablemente hace pocos días ocurrió que el Comunicador de este Medio, señor Pablo Vallejo Iñiguez,  quien asistía en representación de nuestra Revista a la Rueda de Prensa convocada por el señor Alcalde para la lectura de  su  informe de labores  correspondientes al año 2007, la Licenciada NATASHA JARAMILLO, funcionaria del Area de Comunicación de la Alcaldía, en compañía de la fuerza bruta que representa la guardia ciudadana, conminó a nuestro representante a que abandone la reunión, bajo el más que torpe argumento de que únicamente podían estar presentes los Medios invitados por el Burgomaestre.

Desde luego que el insolente acto, propio de una persona que desconoce que la libertad de expresión es un derecho consagrado por la Constitución,  y desconoce además las más elementales normas de decoro y urbanidad, revela a ojos vista que se le tiene verdadero “terror cósmico” –como suele decirse cuando el simple miedo excede sus propios límites- a El Observador. De entrada se torna imperativo preguntarse: ¿Por qué será? ¿Será por decir la verdad?. ¿Las reuniones de Prensa de la Alcaldía son reuniones de amigos? .

Sea de ello lo que fuere, nos permitimos ilustrar a la Licenciada Jaramillo, informándole  que la Constitución Política del Estado en el Artículo 81, en lo fundamental dispone: “El Estado garantizará el derecho a acceder a fuentes de información, a buscar, recibir, conocer y difundir información objetiva, veraz, plural oportuna y sin censura previa, de los acontecimientos de interes general que preserve los valores de la comunidad, especialmente por parte de periodistas y comunicadores sociales…”. El Tratado de Chapultepec, del cual es signatario el Ecuador, por su parte, manteniendo idéntico criterio que el sustentado por nuestra Constitución, establece que el derecho a ser informado es ilimitado y que, además, cualquier limitación al mismo dará derecho a las acciones legales en él previstas y a las correspondientes indemnizaciones.

Para que la señora Jaramillo, tenga conocimiento de cuáles son sus obligaciones como  comunicadora social, le estamos remitiendo por separado sendas xeroscopias de tales disposiciones y la invitación a que asista a la Rueda de Prensa en que El Observador informará a la ciudadanía sobre sus labores durante el año próximo anterior, acto en el que en ceremonia especial le haremos entrega formal de un ejemplar de la Constitución y del Tratado de Chapultepec, como del Manual de Urbanidad de Carreño.

Por lo demás al informe de labores del Alcalde Cabrera, únicamente le habría faltado agregar una: La de que en su Alcaldía hay funcionarios que irrespetan la libertad de expresión. Todas las demás flores que lanzó –disponemos de la información- al aire en auto homenaje a su gestión, y que cubrieron su noble y bonachona testa, pasarían por anodinas, como desapercibidas.

 Estoy firmemente convencido que el Alcalde Marcelo Cabrera debe desconocer de estos graves entretelones que ofenden a su personalidad y a la de su Alcaldía, por lo que estoy seguro que adoptará los correctivos del caso, imponiendo la sanción que corresponda a la funcionaria autora del grave impase, y  más todavía, si a tono con lo que decía  el gran Juan Montalvo: “La mala Hierba debe ser arrasada para que la tierra quede libre y abonada para la siembra de los sentimientos nobles”. Lo contrario, significaría encubrimiento que olería a complicidad malsana, a mea culpa, a maquillaje culpable, a gallinazo preñado por la mortecina.

 



 


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