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Año 17 - Febrero/2016
BIMESTRAL
N° 91
comunidad    INICIO      Sábado 04 de Abril del 2020    
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¡LA FANESCA ES TODO, LA IDEOLOGÍA NADA!

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EL PETRÓLEO Y EL CORREÍSMO A LA BAJA
¿FIN DE CICLO DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS?

  ENTREVISTA
"ASUMIMOS LA TAREA CON RESPONSABILIDAD"

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EL RINCÓN DE LA NOSTALGIA

  CULTURA
CULTURA Y CREACION 2
ENTRE FULGORES Y SOMBRAS
VUELO DE CONDOR
UNA SEUDO ANTOLOGÍA ECUATORIANO DE LITERATURA

  COMUNIDAD
BARRIO DEL VADO

POR: Susana Moreno Ortiz

 

 


Barrio del Vado
Eugenio Moreno Heredia bautiza a Cuenca de andina, madre nuestra y eterna, ama a esta tierra, en su verdadera dimensión de ciudad mestiza asentada en los Andes. Conocedor de su historia, de sus barrios y calles por donde caminaron sus poetas y pensadores. A través de su palabra desea redimirla de la injusticia y del oprobio.
Cuenca andina, madre nuestra y eterna Acá, al sur de la Patria, los Andes se transforman en azules colinas, dejando en la lejanía su aspereza de roca desafiando al infinito, su soledad de dioses silenciosos en una contienda sin final con la eternidad.
Acá, al sur, las colinas se congregan risueñas rodeando en un marco eglógico la hermosa “llanura ancha y florida como el cielo; milenaria parcela de nuestros abuelos indios.
Acá, en esta tierra morena y fragante crece el maíz arrullado por la sinfonía de sus cuatro ríos con nombres encantados: Tomebamba, Yanuncay, Machángara y Tarqui.
Acá, la arcilla obscura de nuestros antepasados vuelve hasta las manos milagrosas del indio alfarero que de la nada levanta cántaros y vasijas con forma y gracia de mujer.
Cuenca andina, madre nuestra, donde el pueblo proclamó su derecho a la libertad en los días sin luz de la colonia, cuando el espadachín Zabala, dejó caer las rosas rojas de su sangre sobre las viejas piedras de la espadaña, anunciando el nacimiento de una comarca en la que para siempre vivirían hombres dignos y libres.
Cuenca andina, madre nuestra, en cuyos barrios con olor a pan amasado en las noches al compás de guitarras y bandoneones y dorado con el esplendoroso sol de las auroras, las cholas levantan su rebeldía siempre que alguien pretende ultrajar este 50 suelo donde crecen canciones de amor y de paz, pero también puños altivos para proclamar que esta es comarca donde se cultiva la dignidad y el honor.
“Calle Larga”, calle de “Las Conceptas”, calle de “Todos los Santos”, calle de “El Vado”, calle de “El Rollo”, por las cuales anduvieron: José Peralta, solitario y altivo, luchando por la liberación de su pueblo cuando Alfaro al otro lado de la cordillera encendía hogueras rojas en los manglares y los esteros.
Y Fray Vicente Solano, barría con “ La Escoba” inmortal de su palabra de fuego a cuantos nombraban sin respeto a Cuenca, oculta entre la cordillera pero empinada de júbilo como una diosa en medio de esta América nuestra que nunca aceptó ni aceptará colonialismos.
Y Manuel J Calle, el tuerto de las mil batallas por la verdad y la justicia.
Y Alfonso Moreno Mora, perdido en una esquina de la vida, pero encontrado en la poesía eterna de todas las latitudes.
Y César Dávila Andrade, vencido por el espacio de su soledad y de su angustia, pero triunfador en el ámbito sin límites de la gloria.
Esta es Cuenca, de ayer, de hoy y de siempre, en la cual se escuchan todavía al borde azul de las alboradas, los tambores lejanos de nuestros abuelos cañaris, mientras cruza el cielo apacible un aletear de encendidas papagayas y serpientes de plata, se hunden para siempre en nuestros lagos silenciosos. Cuenca andina y noble; “Llanura ancha y florida como el cielo” yo te levanto viva y palpitante hasta la altura de mi corazón y contra él te estrecho con cariño y orgullo y te digo: Madre eterna y maravillosa”.

Canto de amor a Cuenca
“Quiero hablarte como a una novia. En esta tarde. Dejar caer mis palabras, una a una, en el viento de abril que arrastra plumas de jilgueros, hojas secas de geranios y briznas de las eras distantes.

Quiero decirte mi canto de amor como a una novia.
La música de las campanas sube en hondas azules hacia el cielo, quebrantando el sueño de los niños y de los gorriones y el Tomebamba, más abajo, con orillas de sauces y albahaca, canta también, llevándose consigo la sombra transparente de los recentales y de los ojos morenos de las lavanderas cholas.51
Desde Turi se asoman las nubes del Pacífico, trayéndonos la fragancia y los rumores del mar que golpea al otro lado de la cordillera con el lento ritmo de los veleros fatigados.
Cómo gozo respirando el viento que viene desde el norte: Challuabamba, Ucubamba, Machángara, tendidas como vírgenes indias en una playa de piedras diminutas y blancas, poblada de huertos y frutos, olorosos a eucaliptos y a maíz, transparente de alegría como si hubiera brotado la víspera, de las manos de Dios.
Desde el sur, llegan los mugidos de las ganaderías y un fresco olor de leche recién ordeñada, llega también, entre la neblina de Tarqui que baja en las tardes hasta los tejados rojos, un aire de rondadores y de melancolía.
Y acá, “El Vado” de la Cruz de Mayo, como el más bello mirador para ver de frente el cielo esplendoroso en esas noches de violeta, en que los pies dejamos en la tierra y con la frente tocamos la fulgurante majestad de los astros.
Y más allá “San Sebastián”, donde el viento canta entre los pinos y las viejas pulperas de la barriada, quema hierbas aromáticas en las tardes de Septiembre con relámpagos.
Y un poco más abajo, “El Vergel” con el adiós que da el río a la urbe, para entrar en los bosques de “El Paraíso”, desde los cuales por el hilo invisible del zumbido de una abeja, en esas mañanas azules e inmóviles, podemos elevarnos hasta Dios.
Y arriba “El Rollo”, rincón de sueños, adornados con faroles que nos hacen volver con el corazón a las noches asombradas de la colonia y encontrar las figuras del espadachín aquel de la leyenda y del cura sensual y nocherniego.
Cuenca, mía en la hondura de mi sangre y en mi barro morlaco, amasado con maíz y yaravíes, arepas y café tostado en tiestos de barro.

Cueca mía, te he cantado en esta tarde como a una novia”.
Esta es la Cuenca mestiza o la Tomebamba antigua, que mantiene en cada recodo, cada muro, cada piedra, un testimonio, un recuerdo de su pasado glorioso y con sobra de méritos fue declarada “Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad” Tomado de: Vivo en poesía. Biobibliografía de Eugenio Moreno Heredia.

Moreno Heredia amaba el barrio donde nació, en el año de 1963 escribió la letra y Rubén Mosquera la música de una canción en ritmo de danzante ecuatoriano, titulada:

Barrio del Vado
Vado donde yo nací
barrio cholo de la cruz
barrio de mi morlaquía
crecido en mi corazón.
Panaderitas morenas
hacen palomas de pan
con los ojos de candela
y los picos de carbón.
Barrio de mi corazón
mirando a la Cruz del Sur,
la noche baja a tus muros
con guitarra y bandoneón.
Alta ventana de piedra,
para conversar con Dios
barrio de mi morlaquía
crecido en mi corazón.


  La  Universidad de Cuenca le sitúa  entre las personalidades cuencanas más relevantes del siglo XX, dueño de una extensa obra literaria, su poesía ha sido reconocida por la crítica literaria,  la Dra. Susana Cordero,  Presidenta de la Academia Ecuatoriana de la Lengua,  en parte de su estudio dice: “Su itinerario poético asciende desde la intimidad de una poesía reveladora de su ser interior, individual, asombrado igualmente ante la muerte y ante los  gozosos dones de la vida, hasta una visión en la que se conjugan anhelo interior y amor por los otros, soledad y  solidaridad, sentido de lo íntimo y sentido de lo netamente humano y universal (…) En ella confluyen todos los mundos de gozo y de infortunio, los problemas más hondos del hombre individual y del hombre colectivo. Moreno Heredia sabe que la poesía es lucha vital entre su ser  que anhela decirse y la posibilidad que la palabra tiene de decirlo. De esta lucha resultan sus poemas que van clarificándolo frente a si mismo y ante los otros”.
Desde sus primeros libros  Caravana a la noche (1948), Clamor del polvo herido, La voz del hombre, Poemas de la Paz, fueron acogidos favorablemente por la crítica nacional e internacional, su poema  “Presencia del Vigía” obtiene el Segundo Premio Mundial de Poesía sobre el tema de la Paz en Praga ( 1952), luego sus libros de madurez como son Baltra, Ecuador Padre Nuestro, Teoría del sueño, Trilogía de la Patria, Solo el Hombre, A tiempo de salvarnos y Presente Vivo, lo posesionan en el sitial que le corresponde. Es el primer poeta cuencano que escribe un libro de literatura infantil “Poemas Para Niños”  (1964)  y Gallito de barro (1986). Escribe relatos que se recogen en un libro póstumo que se titula “El Muro de las lágrimas” (2005).
Su obra ha sido  editada en dos Antologías y en el tomo N.4 de la COLECCIÓN MEMORIA DE VIDA de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión en el año 2005, a este tomo   acompaña  un pequeño ejemplar que contiene  un estudio de Marco Antonio Rodríguez, se titula “Eugenio Moreno Heredia o la poesía como razón de vida” en su análisis dice: “la construcción de la mayoría de sus poemas es redonda, la selección de la palabra exacta, la exhalación de los silencios, la medida precisa de cada verso y de cada estrofa otorga a cada poema el tono necesario, el ritmo vital, la fuerza poética indispensable. Léase su memorable evocación de Baltra o su magistral Huayna Cápac a modo de ejemplo”.


Datos Biográficos

Nace en Cuenca el 22 de enero de 1926, cuarto hijo del Dr. Alfonso Moreno Mora, Poeta Postmodernista y de Doña Lola Heredia Crespo, él inicia su vida estudiantil entre libros, revistas y diarios, que su padre dirigía  o colaboraba con sus hermanos Manuel y Vicente Moreno Mora.     
En los años 30 en Cuenca era muy frecuente la falta de acuerdo de los padres de familia sobre el tipo de educación que escogían para sus hijos, las madres preferían la educación católica y los padres la educación laica, en el caso de Eugenio,  la primaria fue en el Asilo de los Ángeles y  la Salle hasta quinto grado, para el sexto grado ganó su padre y se matriculó en la escuela fiscal Honorato Vázquez e ingresó en el Colegio Benigno Malo; en 1948 inicia sus estudios superiores y se gradúa de Doctor  en  Jurisprudencia en la Universidad de Cuenca. Su vida la dedicó al ejercicio de la docencia y la carrera judicial. Fue Rector fundador del Colegio Daniel  Córdova Toral, Profesor de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca, fue Ministro de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte Superior del Azuay.



 


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